domingo, 31 de mayo de 2009

Subida al techo de Marruecos: Jbel Toubkal, 4167 m




Todo empezó un día hace mucho mucho tiempo, después de mi inolvidable subida al Mulhacen en la primavera de 2007. Visitando noseque foro de montaña vi una foto de unos montañeros en una cumbre nevada junto a un tetraedro metálico. Detrás de ellos se apreciaba un mar de nubes interminables. Tenían las manos levantadas a modo de victoria y una sonrisa de felicidad en sus rostros. El reportaje rezaba como “subida al Toubkal, Marruecos” … ¿Marruecos? ¿nieve en Marruecos? Me puse a buscar información y averigüé que aquel monte estaba en el corazón del pais, en el Atlas y para mi asombro su altitud era de 4167 m...¡ 685 m más alto que el Mulhacen!. Como soy muy antojadiza y caprichosa rápidamente me puse a fantasear con la idea de alcanzar esa cima y ver con mis ojos la nieve en Marruecos. Claro que yo nunca había estado en Marruecos y ese país me daba por entonces bastante reparo así que dije bueno lo dejo en la lista de cosas pendientes y ya voy viendo cuando puedo ir.
Y no ha sido hasta la primavera de 2009, cuando fui de viaje de turismo por el sur de Marruecos con unos amigos, cuando, perdido el miedo a eso de moverse por ese maravilloso y acogedor país, decidí que era la hora de desempolvar aquella vieja fantasía y hacerla realidad. Y he aquí como comenzó nuestra aventura dos primaveras después, en mayo de 2009. Aquí os lo cuento:
Después de múltiples correos, charlas, averiguaciones, compras de material, llamadas telefónicas y con los inestimables consejos de mi amigo Pacote, que ya ha subido varias veces al Toubkal, partimos de Sevilla cuatro amigos, Jose, Pepe, Pablo y yo, un miércoles a mediodía tras salir del trabajo con nuestras cuatro mochilonas ocupando todo el maletero del coche. Cargados de ilusión y con el cd "broken flowers" puesto en el coche de Jose, partimos dirección Tarifa. 
 En el ferry, dejando atras Tarifa
Aparcamos junto al puerto y allí nos encontramos con Jesús y Loli, los otros dos amigos malagueños que no querían perderse la aventura montañero-marroquí. Y así como quien no quiere la cosa estamos ya montados en el ferry Tarifa-Tánger diciendo ¡ya no hay vuelta atrás!, muy entusiasmados con eso de volver a poner los pies en Marruecos, donde tres de nosotros habíamos estado hacia escasamente mes y medio. Casi nos parecía asombroso volver tan pronto de nuevo ¡. Y es que cuando se quiere mucho algo todo se alinea en el lugar preciso como por arte de magia y te ves cumpliendo tu sueño en menos tiempo del que esperabas. Allí estaba yo con mi mochila camino del Toubkal por fin cumpliendo uno de mis sueños. 
 En el ferry: Pepe, Isabel (yo), Loli, Jose, Jesús y Pablo
Pasaportes, todo bien, uff, fotos de Tarifa que se queda atrás, y en un plisplas estamos bajando la rampa del puerto de Tánger entre el gentío marroquí, escaners y taxistas abordándonos para ver donde queríamos ir. Tras negociar, no mucho, el precio, acabamos los 6 montados en un taxi donde solo cabían cuatro, jajaja, con las mochilas en el maletero medio abierto amarradas con unos pulpos, y corriendo a toda velocidad por las grandes avenidas de Tánger dirección a la estación de tren.
 En la estación de tren de Tánger, esperando el tren a Marrakech
 en el interior de nuestro compartimento de literas del tren Tanger-Marrakech
No teníamos nada reservado y nos asaltaban las dudas ¿habrá sitio en el tren? ¿podremos pillar litera? Pues si, increíble pero allá que estábamos a las 21.00, hora de salida del tren, acomodados en nuestras cabinas con litera, maravillados por nuestra suerte e ilusionados por esa nueva forma de adentrarse en Marruecos, la del tren, que para nosotros era una nueva experiencia. El ultimo cigarro en el andén, sale el tren, pasa el revisor con el carrito y le pedimos un cafelito; entre charlas, fotos y risas poco a poco vamos cayendo en nuestras literas adormecidos por el traqueteo incansable del tren y los paisajes que se iban oscureciendo afuera. Abres los ojos, sigues en el tren; Abres los ojos, sigues en el tren, afuera unos árboles tenebrosos pasan a toda velocidad. Abre los ojos, esta vez hay luz, es muy temprano pero vamos despertando poco a poco y cuando nos venimos a dar cuenta hemos llegado a nuestra meta: son las 7.25 de la mañana y estamos en Marrakech :)
 Estación de Marrakech

Muertos de hambre vamos a desayunar enfrente de la estación, mmm, riquísimas tortitas empapadas en miel, café y zumo de naranja…aaah, me invade una maravillosa sensación…la de ser consciente que estoy de nuevo en Marruecos, que no han pasado ni dos meses y yo de nuevo aquí y a punto de empezar una nueva aventura. Que felicidad!
 desayuno
No fue mas que levantarnos de la mesa del bar, echarnos las mochilas a las espaldas y aparece una furgoneta con un señor que nos pregunta dónde vamos. No era ni taxista ni nada pero él está dispuesto a llevarnos donde sea, así que tras negociar (esta vez mejor) el precio terminamos montados los 6 en aquella furgoneta camino del Atlas.
 el conductor
 En la furgoneta
 Hacia el Atlas...

El viaje de Marrakech a Imlill dura hora y media, pero se nos hizo cortísimo entre la divertida conversación con el conductor y las impresionantes vistas del Atlas nevado frente a nosotros. Es increíble ver como aparecen aquellas montañas tan altas de telón de fondo cuando tu estas aún en una llanura amarilla sin fin; no hay monte que lo antecede ni nada… llanura y de repente montañas de 3000 y 4000 m. Curvas, curvas y curvas por una carretera que a mi me recordaba la de Extremadura cuando yo era pequeña e iba con mis padres por la media fanega. Abajo un rio y un barranco impresionante, los marroquíes tiene su forma peculiar de conducir pero la verdad yo me sentía bastante segura. Reconozco el cartel que dice “Imlill 17 km”, por ese desvío ya pasamos hace mes y medio, reconocemos la carretera, el rio, la zona del desprendimiento y…la plaza de Imlill. Ya estamos aqui !

Todo fue bajarnos, pagar a nuestro hombre-taxi, despedirnos y ya teníamos allí a nuestro alrededor a una veintena de personas pendientes de nuestros pasos y abordándonos “¿queréis sitio para dormir? ¿queréis mulas? ¿vais al Toubkal? Venid conmigo, venid, venid”. Uno tiene un refugio “barato, barato”, dice “venid a verlo”. Yo digo “solo mirar ¿eh? Esta cerca de aquí?” “Si, si, muy cerca, muy cerca, solo mirar, si, vamos”. Pero ni estaba cerca ni ná, íbamos subiendo una pista y yo le decía “c’est trop luan, trop luan”, y el “no, no, pas luan”. Al final después de verlo, con mucho trabajito conseguimos zafarnos de ellos y bajar de nuevo a Imlill a buscar algo más céntrico, pues íbamos a pasar allí el resto del día y parecía poco operativo andar subiendo y bajando aquel interminable carril. Se mosqueó un poco el marroquí y ya no quiso saber nada de nosotros por mucho que le dijimos “vamos a mirar abajo y volvemos si eso”.
Bajando, bajando, pasamos por la puerta de un riad al que ya habíamos echado el ojo en el viaje anterior, entramos a preguntar -solo por preguntar- y acabamos alojándonos allí después de haber estado un rato discutiendo el precio y dejándonoslo bastante baratito desayuno incluido. Las habitaciones de un riad marroquí se disponen alrededor de uno o varios patios que a mí me recuerdan mucho a las casas patio andaluzas, solo que la decoración aquí es distinta. Era un sitio precioso, al que estuvimos yendo y viniendo toda la tarde después de comer ensalada y tallin en la terraza del albergue “Soleil” junto al rio. En medio de negociaciones de buscar mulas, cambiar dinero, buscar donde nos prepararan un cuscús por la noche, y dar un paseo por una aldea cercana, íbamos y veníamos del riad y en cada ida y venida nos sentábamos a tomar té y preparar la subida del día siguiente. También dimos un paseo por una aldea vecina.
 Imlill
 paseo al atardecer por una aldea aledaña a Imlill
 Interior del riad "Imlill"
Aquella noche cenamos un riquísimo cuscús preparado en una terracita por un marroquí muy simpático pero con una pinta de islamista que no podía con ella, y un poco duro a la hora de negociar el precio. Nos dejó sacar nuestra botella de vino para acompañar y de postre nos preparó unas naranjas con canela y un té. No pudimos acabar la enorme cazuela de cuscús y acabó llevándose el dueño lo que quedó para “les enfants”.
Tras el desayuno en la terraza (con zumo algo aguado por no haber pagado la tarifa, jaja, no como los franceses que había allí que estaban tomando zumo autentico y tortitas) a las 9,15 estábamos junto a la cascada donde habíamos quedado con nuestro guía Mohamed, acomodando las seis mochilas en dos mulas que al grito de “irra, irra” conducía un hermano pequeño de Mohamed y otro chaval. Mohamed quedó en tenernos las mulas el domingo esperando arriba para bajar. Si me he dado cuenta de algo es que los marroquíes cuando cierran un trato lo cumplen con diligencia, amabilidad y encima son puntuales ¡a ver si aprendemos por aquí!.
 desayuno en Imlill
El camino asciende primero por una pista dejando abajo el pueblo de Imlill, el rio y las demás aldeas bereberes encaramadas en las laderas de las montañas. Aquel paisaje solo lo he visto allí, y aunque sea un poco seco en estas zonas bajas, tiene un encanto incomparable por los contrastes entre las zonas verdes junto al rio, los colores arcillosos de las montañas, el blanco nevado de las cumbres, las cascadas de agua, el fortísimo color azul del cielo de fondo, y como no, los preciosos pueblos bereberes de color marrón mimetizados con aquellas, en los que siempre asoma una torre de mezquita de la que de vez en cuando salen oraciones y canticos cual música resonando en medio de las montañas.
 abajo van quedando Imlill y las demás aldeas
El calor era al principio abrasador, pero a medida que ascendíamos se iba suavizando. Las mulas nos cogieron desde el principio la delantera y ya nos dimos cuenta que pasaban de nosotros jaja. Pero el camino no tenia perdida así que no nos preocupaba mucho. Tras la primera subida pasamos junto al pueblo de Amrod y luego atravesamos una especie de llanura fluvial llena de grava, que era como un remanso de paz. La subida dura comenzaba tras atravesar este llano, yendo en zigzag siempre hacia arriba, gente que bajaba y gente que subía…“bonjour, bonjour” todo el rato, y de vez en cuando allí en medio de aquel lugar inhóspito aparecía un tenderete de algún marroquí que te preparaba lo mismo un té que un zumo de naranja, que te venda algunas piedras, geodas o collares. En uno de esos estuvimos descansando un rato y tomando un té que a mí me supo a gloria para recuperar fuerzas. ¡ Un té en mitad de las montañas! Eso solo puede pasar en Marruecos :)
 el valle de Amrod
 tomando un té en el camino
Me pongo por la cabeza el pañuelo que me ha regalado Pablo, porque el sol pega muy fuerte y no llevo gorro y seguimos ascendiendo. La pendiente se suaviza, caminamos junto a un rio que baja con fuerza y al que vierten múltiples saltos de agua que bajan casi en vertical de las montañas directamente de las palas de nieve allí encaramadas. 
 Pepe y Loli
 puestos de zumo de naranja y refrescos por el camino
 Sistema de refrigeración particular: agua del deshielo + manguera + botella-fuente = refrescos fresquitos
Esto es mas llano que antes y sin embargo estamos más cansados ¿que pasa? Ah sí, nos acercamos a los 3000 m de altitud, de un modo u otro se va dejando sentir... Una barrita energética y Gatoerade para recuperar fuerzas y a seguir caminando. Al fondo de aquel valle aparece la imagen de un edificio que, como un oasis, parece flotar allí y la alegría por estar llegando al final de nuestro objetivo del día hace que casi no nos demos cuenta del cansancio en este tramo final. Han sido casi 20 km y 1500 m de ascensión.
 Pablo
 yo misma
Jose y, al fondo, el refugio del Toubkal
Jose y yo llegamos los últimos a la explanada del refugio, allí están los demás, sentados en un banco de piedra en la puerta, bajo el cartel que reza “refugio del Toubkal” 3200 m de altitud. Las mulas han dejado las mochilas en el suelo y se despiden de nosotros. Allí quedamos solos, en medio de aquel paraje en el que solo tienes aquel pedacito de edificio de piedra para resguardarte cuando bajen las temperaturas o si hace viento o si le da por llover o nevar. El cielo es azul intenso y me emociono con la idea de observar el cielo esa noche.
 en la puerta del refugio
Tras registrarnos, acomodarnos y quitarnos las botas (que hay que dejar siempre en el hall, dentro solo con chanclas) nos sentamos en el saloncito y nos tomamos un té mientras rellenamos el libro de visitantes y curioseamos quién ha venido a este lugar tan lejos de todo antes que nosotros. El refugio está hasta arriba de gente, desde luego solos no estamos. A las 7 es la cena, que Ibrahim nos sirve con una sonrisa: sopa de legumbres, Tallin de pollo y naranjas, y luego…otro te! Lo habéis adivinado, jaja. Whisky bereber, como dicen ellos.
Cuando se pone el sol la temperatura baja de golpe y ya no aguantas fuera ni con el pluma puesto. Aun así yo no quiero dejar pasar la oportunidad de catar ese cielo negro, negrísimo y equipada con mis prismáticos y el laser, cojo una silla y me siento fuera del refugio mirando hacia el sur, donde había una ventana entre las altas montañas. Trato de reconocer el cielo, hay muchas estrellas, allá al norte veo la Osa Mayor, la Osa Menor, la Polar ¡que baja!, por el cenit el Boyero, la Corona Boreal, y Leo ¡magnifico!; al sur el Cuervo, la Hydra y ¡Centauro!... Aaa, quiero ver Omega Centauri. Pero ¡ay de mi!, por mucho que escudriñé el cielo en aquella dirección no logré verlo, no sé si salió mas tarde o si simplemente me lo tapaban las montañas más al este. Cuando salí fuera me siguieron Pablo, Pepe y Jose, les enseñé el Pesebre y otros cúmulos; al rato, con tanto frio, solo quedó Pablo, y un rato después, yo sola. Hasta cerraron la puerta del refugio y yo allí fuera sola sentada y temblando de frio pero deleitándome con la observación de las galaxias M65 y M66 en Leo. Volví a buscar Omega Centauri y nada, y por el cenit cada vez que alzaba la cabeza me daban unos pinchazos en la nuca y en la frente y no podia ¿pero qué me pasa? Ah sí, el mal de altura debe ser, claro! Un poco mareada, el dolor de cabeza que se acrecentaba y el frio, no tuve más remedio que meterme para adentro y renunciar a la observación ¡mañana me la tomaré más en serio!. Todos dormían ya, me acomodo en mi saco y me quedo pensando, un poco nerviosa, en la subida que nos esperaba al día siguiente ¿seria yo capaz de aguantar tanta altura?
Son las 5,00 de la mañana, ya algunos locos se están levantando, allí a esa hora es de día (son las 7 en España), nos aperreamos un poco pero a las 7 ya estamos abajo desayunando café y pan marroquí con mantequilla y con una especie de nutella. Nos equipamos bien, para el frio y para el calor, que nunca se sabe, y emprendemos la ascensión al Toubkal, la aventura final. 
 preparados para la ascensón final :)
Atravesando un rio con su cascada y varias palas de nieve comienza una dura ascensión, primero por nieve ¡cuidado de no resbalar! Luego piedras y mas piedras. Viene otra pala de nieve pero yo esta la veo peligrosa y no la quiero pasar…Si te caes sabe dios donde terminas, ni se ve el final… Decidimos bordearla por arriba por las piedras, cuando te das cuenta estas metido en medio de un pedregal con algunas piedras que caen, la pendiente es muy fuerte, el refugio se ve al fondo allí abajo, te invade un poco de vértigo ¡madre mía si me caigo de aquí! Pasamos con mucho cuidado y nos reunimos todos en un pradito más arriba. 
 pues...si, hay que subir por ahí
 abajo va quedando el refugio, en esta primera parte de ascensión bastante vertical
Seguimos. Un zigzag que no vemos el final, pero el camino va siendo más o menos cómodo y fácil, y te vas a acomodando al vértigo. De momento el mal de altura no se deja sentir. Casi todos nos levantamos con dolor de cabeza y algunos echaron mano del ibuprofeno. A mí se me quitó en cuanto empecé a andar, sin tomar nada.
Llegamos a una especie de gran vaguada, mucho más llana que todo lo que habíamos pasado, y al fondo se ve la mole del Toubkal y la pendiente que aun nos queda pro subir, diooos, bueno, vamos allá. Andamos a veces por tierra, a veces por nieve, a veces por piedras, grandes y chicas. Al final llegas a una zona que es todo piedrecitas con mucha pendiente, hay que ir con mucho cuidado de no resbalar y sobre todo no mirando para abajo, jaja! El primero va Jesús, luego van Pablo, Pepe y Loli, los vemos allá delante a lo lejos, los últimos Jose y yo. Jesús llega a la cima y nos llama por el walki talki “¡ya estoy arriba! Voya bajar a buscaros” y al rato lo vemos venir corriendo derrapando por las piedras en los zigzag. Vuelve a subir con nosotros y nos va indicando por donde lo ve mejor, el camino es estrecho aunque no tiene mucha complicación, pero si miras para abajo te da un vértigo de órdago.
 ultimo tramo de ascensión
Al final la loma del Toubkal se suaviza, te acoge y te permite llegar al punto más alto tranquilamente. A lo lejos distingo ya la inconfundible estructura metálica que ocupa la cima. Una suave emoción comienza a embargarme ¡estoy aquí! ¡estoy en la cima del Toubkal! A 4167 m de altitud, el lugar más alto donde nunca he estado… Aquel sueño que empezó a fraguarse hace dos años se ha visto cumplido hoy; estoy emocionada y casi me abrazo a aquella cosa metálica cuando la alcanzo, jaja. Quiero fotos, muchas fotos, jaja! 
 cima del Toubkal, 4167 m
Solo estoy un poco cansada pero no desfallecida y no noto ni mareo ni nada, “anda, pues uno puede estar a esta altura y sentirse tan bien, es fantástico”. Hay que comer algo y sobre todo beber así que ante la mirada atónita de todos saco mi litro de gazpacho del Día de mi mochila y nos lo bebemos allí J Alrededor nuestra un mar de nubes cubre hasta el infinito, por encima de ello asoman las montañas más altas. Creo que estamos viendo todo Marruecos aunque cubierto de nubes, la mirada se te pierde a lo lejos, no distingues el final de ese mar infinito. Estamos en uno de los lugares más altos del mundo, bueno, al menos en el lugar más alto de por aquí y en miles de km alrededor… Pablo coge un boli y en un papel escribe “Sahara hurra” que viene a decir Sahara libre, y a modo simbólico en el lugar más alto de Marruecos lo sostenemos entre a los dos junto a la mole metálica y nos hacemos unas cuantas fotos.
Entonces me doy cuenta que también hay allí una pegatina de “Refinería No” y le hago una foto para enseñársela a mi amiga Sandra, que está luchando para que no pongan esta barbarie en su pueblo.
Es hora de bajar, oooh, algunos restamos remolones y no queremos, seguimos haciendo fotos, pero se impone la cordura y empezamos el descenso, que al final fue mucho más fácil que la ascensión. Hasta vamos bajando corriendo por los zigzag y derrapando en los montones de piedrecitas. Cuando llegamos a las palas de nieve como están blanditas yo me aventura por ellas y voy corriendo a veces y resbalando otras. Esto es muy divertido. Cuando llegamos al refugio es solo mediodía. Estamos hambrientos y Ibrahim dispone que nos preparen unas tortillitas y una ensaladita ¡que ricas!. Y el resto de la tarde lo pasamos vagueando por el refugio, fumando un cigarrito al exterior, charlando en el saloncito con un te delante; se van pasando las horas hasta la hora de cenar. Yo quiero salir a observar esa noche que no me duele la cabeza pero…oooo han entrado nubes y el cielo se ha cubierto. No queda más remedio que dormir ¡
Por la mañana tras el desayuno a las 8 según lo acordado con Mohamed tenemos allí las mulas para cargar de nuevo nuestras mochilas y bajar al pueblo. Tras las ultimas fotos junto al refugio empezamos a andar. Esta vez vamos mucho más relajados, disfrutando del entorno, todo el rato haciendo fotos. De vez en cuando veo a Pablo encaramado a algún sitio sacando una foto de alguna flor. Yo voy cogiendo algunas piedrecitas de recuerdo por el camino y también hago fotos, la primavera parece que esté empezando aquí ahora, una vez que se ha derretido la nieve. Después de mucho tiempo otra vez en la llanura fluvial y al fondo el asombroso pueblo de Amrod en ese fondo de montañas fantástico. No dejo de sacar fotos de todo, a ver qué hago luego con tantas.
Es casi mediodía cuando llegamos a Imlill. Allí Mohamed nos tiene ya dispuestos los taxis que nos devolverán a Marrakech, pero antes nos ofrece tomar un té en su casa. Como nos ve cara de hambrientos nos ofrece también prepararnos unas tortillitas, a lo que accedemos contentos. Luego otro té ¡no hay modo de irse! Jaja. Después de pagarle lo acordado nos despedimos de él y de sus hermanos con la promesa de llamarlo la próxima vez que vengamos.
Los dos taxis nos bajan a Marrakech entre curvas y curvas y vamos charlando y haciendo algunas fotos, un poco adormecidos y es que es la hora de la siesta. Llegamos a Marrakech, los taxis nos dejan en un gran depósito de taxis muy cerca de la plaza Jemma el Fna. Se acabaron las montañas, ahora empieza la diversión en esta loca ciudad. Con las mochilas encaramadas a la espalda nos vamos en busca del hotel Essaouira, que recomienda la guía del trotamundos y nuestro guía espiritual, Pacote. Al final nos quedamos en el de enfrente, el hotel Aday, donde nos acoge una simpática mujer. Nos cuesta solo 5 euros dormir en todo el centro de Marrakech ¡increíble!.
Venimos pegajosos después de dos días sin ducharnos (algunos, porque los que tuvieron más suerte con el agua caliente si lograron ducharse arriba) y nos dice la señora que hay una avería en toda la manzana y no habrá agua en hora y media, noooooo. Pero aaa, se nos ocurre irnos a un hamman ¡claro! Y allí que nos metimos Loli y yo en el de chicas y ellos en el de al lado, rigurosamente separados hombre y mujeres. La que regenta el hamman casi no habla francés, difícil entenderse pero acabamos las dos sentadas en una salita del hamman echándonos agua por encima y refregándonos bien con el jabón. Qué bien sienta esta agua calentita y estos vapores! Quedamos como nuevas.
Por la tarde paseo por el zoco, algunas compras, y por supuesto frutos secos y pastelitos ¡que ricos! Un café en la preciosa plaza de las Especias, donde yo me hago un tatuaje en henna muy chulo. Y al anochecer cena marroquí en un restaurante en la plaza Jemaa el Fna: ensalada, brocheta de pollo y un yogur riquísimo, todo el menú por poco mas de 3 euros. Nos vamos pronto a dormir porque el tren sale a las 5,00 h…
A las 3,30 suena el despertador, oh nooo! Hay que levantase. Cogemos los dos taxis que ya habíamos apalabrado la noche anterior, un poco caros pero a esas horas que se le va a hacer. Por avenidas vacías de gente nos conducen a la estación, y a las 5,00 estamos montados en el tren, esta vez asientos, no literas, una cabinita para los 6, donde nos pegamos 11 horas hasta llegar a Tánger.
En este viaje de vuelta muchas conversaciones, cigarritos en los entrevagones (aquí en Marruecos aun se puede fumar en estos sitios J), alguna siesta, bocadillos de chacina y yo voy leyendo en la guía lo que será nuestra próxima aventura en Marruecos: el desierto.
Ya solo queda atravesar de nuevo el estrecho de Tánger a Tarifa y tomarnos unos cervezones con unas raciones de pescaito frito y croquetas de choco en un bar de junto al puerto, antes de despedirnos de nuestros compañeros malagueños con la promesa de subir el Mulhacen dentro de dos semanas. Y aun quedo un poco de tiempo para pararnos en Lebrija, donde dejamos a Pablo en su casa y nos ofreció también una cervecilla y una tapita antes de volver a Sevilla. A la 1,30 ya estábamos de vuelta. Yo solté las mochilas en el suelo nada más cruzar la puerta y me tiré sobre la cama a dormir, cansadísima, y feliz, feliz, feliz…

5 comentarios:

  1. Me ha encantado. Lo leo y es como si estuviera de nuevo alli, paseando por Imlil, subiendo al refugio, el Toubkal... Te ha quedado genial.

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  2. Gracias Isa por compartirlo!!
    Es increible la experiencia. Con tu permiso me gustaria poner un enlace en mi web de tus aventuras montañeras. ¿tienes algun lugar donde hayas subido fotos de tus excursiones??
    Un beso! campeona

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  3. Ay, gracias a los dos. Esta inacabado, solo en modo borador, tengo qu epegarle un repaso y poner fotos! peor lo habesi encontrao, puñeteros jajaja. Me doy prisa con las fotos. Un beso

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  4. hola a todos
    A tan solo 2 horas de avión desde España, os proponemos descubrir las montañas y valles del Alto Atlas Marroquí y la ascensión al Toubkal, la cima mas alta del norte de Africa. Somos una organización familiar de guías de montaña con base en Imlil a los pies del Toubkal.

    Soy guía acompañante de montaña diplomado y hablo 5 Idioma, soy un jovén béreber y vivo en Imlil, pueblo situado a los pies del Toubkal en el Alto Atlas Marroquí. Os ofrezco mis servicios y conocimiento de la zona para vuestro viaje a las montañas de Marruecos. Tengo un Albergue CASA BERBER tradicional en Imlil, donde estareis muy cómodos y tranquilos y nos encargamos de todo lo necesario para vuestra estancia. Tenemos el placer de contar con numerosos amigos y clientes españoles. .... MUSTAPHA ASQUARRAY) info@douar-imlil.net
    www.douar-imlil.net

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  5. mustapha guia al toubkal

    El Toubkal, con 4.167 m, es la cumbre más alta del norte de África y está situada en el Alto Atlas, junto a otras cumbres de más de cuatro mil metros como el Ras o el Timesguida.
    www.douar-imlil.net

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